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El oficio de reparar lámparas y tocadiscos en Los Mártires

En el segundo piso de un edificio de cachivacheros, ubicado en el barrio La Favorita, en la localidad de los Mártires, trabaja Rodrigo Marín, un electricista de 84 años que desde 2002 se dedicó a darle una segunda oportunidad a objetos antiguos como tocadiscos y lámparas, estas últimas incluso las inventa.

Rodrigo Marín escogió a Los Mártires como el lugar donde puede reinventar objetos antiguos. Su negocio es uno de los espacios predilectos para coleccionistas, directores de arte y otros fieles compradores.

En el segundo piso de un edificio de cachivacheros, ubicado en el barrio La Favorita, en la localidad de los Mártires, trabajada Rodrigo Marín, un electricista de 84 años que desde 2002 se dedicó a darle una segunda oportunidad a objetos antiguos como tocadiscos y lámparas; estas últimas incluso las inventa.

Su oficio es muy representativo en este sector porque “aquí el único que las organiza soy yo”, asegura. Aunque en el vecindario hay otros negocios de lámparas, solo Rodrigo Marín se encarga de estos objetos catalogados como basura por algunas personas y para otras son tesoros difíciles de conseguir.

Según él, aparatos como estos siguen siendo buscados por coleccionistas y personas que trabajan en el mundo del teatro y la televisión, pues son ideales para construir escenografías.

Rodrigo Marín es un paisa de Liborina, Antioquia, que hace 53 años decidió trasladarse hasta Bogotá en busca de oportunidades profesionales pagando 500 pesos por los tiquetes de su familia: “Yo me vine en avión con mi esposa, mis cuatro hijos y la empleada”, recuerda. Trabajó en diferentes empresas, como contratista, pero con el paso de los años decidió independizarse. Luego llegó a la carrera 17 No. 14- 27 donde tiene su local.

Disfruta su trabajo porque puede reparar diferentes cosas y reinventarlas. Sabe bien que aunque no tiene las mismas ganancias de antes, cuando comenzó su negocio en los años ochenta, el encuentro y la transformación de los objetos lo hace sentir vivo y creativo. «Esto se puso muy malo. Antes venía mucha gente, desde el norte, pero ahora les da miedo. Claro que aquí no pasa nada», detalla y continúa explicando su amor por la localidad: «… uno se familiariza con todo, ya es como mi casa». Al final, devolverle la luz a las lámparas y la música a los tocadiscos es la mejor recompensa.

 

Yuliana Narváez
Victoria Álvarez 

Categorías

arte, Martires

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